26 de octubre de 2020 | Carlos Serrano

Memoria histórica para la reconciliación

En la última moción de censura llevada a cabo, pudieron oírse en nuestro Parlamento, por fin, unas palabras llenas de sensatez y de reconciliación: “…los abrazos que se dieron nuestros abuelos…no los deshagamos sus nietos”. Y. curiosamente, a esa oferta, nadie respondió (¿?)
No importa quién dijese estas palabras, en este caso son de Pablo Casado del PP, pero podrían ser las de cualquier ciudadano, de cualquier ideología, cansados de tanto enfrentamiento vano y tanto “tú más que yo”, mientras un manto de dolor y pobreza se extienden por toda España. ¿No sería mejor dialogar y buscar puntos de entendimiento en aras del Bien Común?
Se habla mucho, y es cierto, que todos los muertos de la guerra civil española, olvidados durante décadas en fosas comunes, cunetas o cualquier otro lugar olvidado, deben ser rehabilitados, proporcionándoles un digno lugar de reposo, donde todos sus familiares puedan, por fin, ir a llevarles unas flores o elevar unas oraciones, en prueba de su afecto. Es de justicia.
Es un tema que me ha hecho reflexionar mucho. Tampoco yo, en estos momentos, conozco el lugar donde reposan los cuerpos de mi abuela, de mi abuelo y de mis tíos, muertos en defensa de sus ideales republicanos. La verdad es que me gustaría recuperar sus cuerpos y darles una sepultura digna, donde poder dirigirme a llevarles unas flores y elevar una oración.
Mis reflexiones, me han llevado a varias conclusiones:
-Todos murieron en defensa de sus convicciones. Tanto los de derechas como los de izquierdas. Es cierto que los muertos de izquierdas, nunca tuvieron un reconocimiento público, y que muchos de sus cuerpos aún permanecen en lugares desconocidos; pero también es cierto que otros cuerpos de “derechas” tampoco aparecieron, aunque sus nombres aparezcan en placas oficiales. ¿No sería mejor recuperar los cuerpos de unos y otros, con nombres propios, y unirlos bajo la leyenda de “muertos en defensa de sus ideales”? Reconocimiento igualatorio para todos. Todos cometieron barbaridades. Es la hora de una reconciliación total y sincera, no hurguemos ni abramos de nuevo las heridas de un negro pasado que tanto daño originó a todos. Abramos las ventanas de la esperanza, de la luz y del perdón.
-Unamos, no dividamos. El odio, genera más odio. No avivemos el fuego de los interesados enfrentamientos ideológicos. Se trata de poner paz, de forma definitiva, en una nación dividida por una guerra civil que sólo generó muerte, destrucción, pobreza y enfrentamientos. No avivemos el odio, mucho menos en las circunstancias sanitarias y económicas que atravesamos, y cuando más debemos estar todos unidos para superar todo lo que tenemos encima. No olvidemos que lo seres llenos de odio, son altamente negativos y peligrosos para la sociedad, mucho más si ostentan altos cargos que les proporcionan poder para llevar a cabo sus proyectos, sin pensar en el Bien Común, tengan la ideología que tengan. La Historia nos lo confirma. Establezcamos puentes de entendimiento y no de separación, olvidando viejos odios y construyendo una nueva sociedad basada en el respeto. El odio y el revanchismo no conduce a buen puerto. Que nuestros políticos demuestren madurez, controlando el enojo, y evitando que el enfrentamiento sea una forma de sobrevivir para algunos.
-Memoria histórica al completo, justa y no interesada, sin odio y equilibrada, como la que corresponde a una sociedad defensora de los Derechos Humanos Universales. Hemos de transmitir a las nuevas generaciones veracidad histórica al completo, sin engaños ni partidismos, de todo cuanto ocurrió en nuestro reciente pasado, con sus luces y sus sombras. No nos gusta que nadie intente borrar o reescribir la historia de forma diferente a como ocurrió. todos debemos aprender, de ese pasado reciente, que el respeto ideológico y el Bien Común deben ser objetivo de todos, por encima de odios, ideologías o intereses particulares o de grupo.
Los Ciudadanos queremos, y merecemos, ver de nuevo a nuestros políticos abrazados y entregados a la búsqueda del Bien Común, como fuimos testigos, del abrazo protagonizado por la Pasionaria, Carrillo, Felipe González, Gutiérrez Mellado y Alfonso Suárez, en aquellos decisivos años de Reconciliación Nacional y nacimiento de nuestra democracia. ¿Tan difícil resulta para nuestros políticos, no me cansaré de repetirlo, levantar puentes, con diálogo y buena voluntad, en lugar de fronteras?
Cuánta razón tenía C. S. Lewis, cuando, muy sabiamente, afirmaba que “no puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final”. El pasado no podemos destruirlo, pero SÍ NOS PUEDE SERVIR DE ENSEÑANZA para no cometer los mismos errores.
 
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