19 de octubre de 2022 | Verónica Rando García

La buena cocina

Receta 14: Articulo especial: Sentimientos encontrados en la cocina

En la cocina profesional es bien sabido que es uno de los oficios más exigentes y anegados y que sin duda convergen los más dispares requerimientos para que nuestra comida sea sana, nutritiva, sabrosa y este a la temperatura correcta convirtiéndose en una tarea nada fácil.
Igualmente, en casa buscamos lo mismo, pero a veces se nos hace un mundo. Desde mi experiencia, trabajando en cocinas profesionales al igual que llevando la planificación de las comidas en casa, me atrevo, a través de estos artículos a adentraros en un mundo, que puede llegar a ser un arte y tener momentos maravillosos al ver las caras de nuestros comensales mirando con asombro nuestros hermosos y ricos platos.
Vivimos rápido, sin entrar en tópicos, pero si es verdad que a veces no le damos la importancia que realmente tiene la cocina. Desde hace mucho tiempo nos bombardean con información acerca de la importancia que tiene la alimentación en nuestras vidas pero que a causa de las circunstancias en las que estemos, comemos cualquier cosa rápida para “llenar el estómago”. ¿Nos ha pasado?, la típica pregunta; ¿qué comemos?... la pena de todo esto que la cocina se vuelve tediosa, nada económica e insana. Y así, durante mucho tiempo las consecuencias se notan en seguida: engordamos, nos sentimos enfermos, compramos diariamente, con lo que nuestros bolsillos lo sufren, comemos por comer, entre otras cosas que pueden estar pasando por tu mente. Esto ocurre en el día a día y sin darnos cuenta, vamos apartando de nuestra vida esa tarea, tan importante y tan frágil que es cocinar para nosotros y cuidar nuestra salud tanto física como mental.
Pero no todo es malo, como no comentar las reuniones con amigos, esas comilonas, barbacoas, cenas… comer en el restaurante que te encanta y probar cosas nuevas en la carta o pedir lo de siempre porque llevas muchos días pensando en el “roll de pato” del japonés. No podemos olvidar esas cenas de navidad, si, ya sé que no todas son iguales, pero solo quiero que te quedes con lo mejor de esas cenas, la comida. Donde por un momento todo el mundo se queda callado y a veces se puede oír un ”mmm que bueno esta esto”.
Y como no vamos a hablar de las gachas en el puente de los santos difuntos o las torrijas en semana santa, pestiños y roscos de la abuela en navidad. Supongo que habrá personas que olviden las tradiciones, pero yo las llevo muy arraigadas. Tengo un pequeño vaso que es la medida de los ingredientes de los pestiños de mi bisabuela con su rodillo, guardados como “oro en paño” y que siempre sacamos en los días previos a la navidad para hacer una montaña de pestiñitos, de esos pequeñitos de los que no puedes parar de comer.
He tenido la suerte de viajar y vivir en varios países y mi experiencia con la comida ha sido gratificante, será porque me encanta comer o porque soy muy impresionable fácilmente, para mí todo está bueno. Recuerdo en Argentina en uno de los barrios más pobres, una mujer se encargaba de hacer la comida para los niños, que por desgracia solo hacían esa comida al día (uno de ellos me comento que no sabía lo que era una cena), pobre el mejor pan del mundo, hecho en horno de leña tradicional, ¡qué bueno!... En Francia, crepes por aquí, crepes por allá, con jamón cocido y queso, con Nutella y por supuesto no puede faltar la mantequilla con pan en todas las comidas. Y en Suiza, aunque suene disparejo, pero había un “donner” (restaurante indio) al lado de la residencia donde vivía que era increíble o que pasaba más hambre que un caracol en un cristal, pero me sabia a gloria. Y allí fue mi primera experiencia con la comida libanesa, me sorprendió gratamente esa explosión de sabores con la mezcla de cilantro y lima fresca.
Como podéis ver y si lo pensáis bien la comida es gratificante, es capaz de reunir a gente con algo en común que es disfrutar de la comida. Un aperitivo a media mañana del domingo, el que no trabaje, un buen bizcocho para desayunar majándolo en el café, un gran vaso de fresas con nata, cocinar con tus hijos, con tu madre o padre, con tu abuela… ¿no es algo maravilloso?
Bueno pues ahora que he conseguido que la cocina no te desagrade tanto y que veas el mejor lado de este increíble mundo que la rodea vamos a adentrarnos en lo más profundo para que el cocinar llegue a ser una experiencia, que menos, gratificante.
El comer, a mi particularmente me encanta y si no me equivoco es algo en lo que estamos todos de acuerdo, en la próxima reunión habla de comida y te sorprenderá (no hay discusiones solo un momento en el que te paras a tragar saliva porque se te hace “la boca agua”, ¿no te ha pasado?), es algo en el que no podemos no estar de acuerdo. Pero como hacemos que todos los días nuestro menú diario sea más que una fiesta, un ritual, lleno de motivación no solo por comer, sino también por preparar esa comida. Tenemos que ser conscientes de que comer es una necesidad esencial y como dice la famosa frase que todo el mundo ha oído alguna vez: “eres lo que comes”.
Partiendo de todo lo dicho, hagamos de la comida algo consciente y tan importante como el beber agua o dormir, una forma de vida que puede llegar a ser muy saludable, tanto como el moverse (ya hagas deporte, andar...), tanto como el respirar….
El comer bien va a hacer sentirte genial contigo y todo esto nos pasa porque la acción de comer no es solo algo físico, sino que se convierte en algo emocional.
Si se sabe que comer es algo fisiológico (alimentarse, nutrirse, etc), pero puede ser una experiencia emocional muy positiva si se hace bien y si ponemos en ello un mayor interés de que solemos poner, sin necesidad de llegar a ser unos “master chef”, sino conociendo conceptos básicos.
Para, como decirlo, educarnos para alimentarnos, primero debemos ser conscientes de si tenemos un problema emocional con la comida y eso es visible claramente en la relación odio- amor que tenemos con ella (recomiendo visitar a un especialista si no podéis lidiar con sentimientos encontrados a causa de la acción de comer, también recomiendo la práctica de deporte como el yoga,, Judo y meditación, son buenas herramientas para calmar nuestras emociones exageradas, pero siempre bajo supervisión médica).
Con todo eso no quiero decir que cada vez que nos sentemos a la mesa vayamos a poner velitas, todos los cubiertos, todas las copitas de agua, vino…. Esto lo dejaremos para ocasiones especiales, o porque no para los días en que podamos o nos apetezca.
En conclusión, vivamos el comer y celebremos nuestra comida de cada día, haciendo de este momento algo especial ya que tu cuerpo va a recibir todo lo que necesita para vivir y estar sano.
¿Y por dónde empezamos? Está claro que la cocina es esa habitación donde pasamos muchas horas, ya sea cocinando, debatiendo, tomándonos un café (siempre me ha encantado tener una mesa camilla en la cocina, puedo tirarme horas en esa tranquilidad que solo en la cocina encuentras), leyendo un libro…. Pero también es una de las habitaciones que más se ensucia de grasa, mancha en el suelo, platos en el fregadero que nunca acaban, esos fogones o la vitro, los manotazos en la nevera… pufff…. Y como se dice “¿por dónde metemos mano?”. Pasemos un rato en la cocina…
De ese plato que nos encanta y que usamos todos los días a ese que encuentras en el fondo del armario y que te quedas pegado al tocarlo y que solo has usado cuando ya no quedan más platos y que tienes que echar a lavar porque está sucio de no usarlo, ¿nos ha pasado?. Cubiertos que se desbordan en el cajón, útiles que no sabes ni para qué sirven, cajones que no puedes cerrar… Así una lista desesperante, sentimientos abrumadores que producen todo esto a la hora de cocinar.
Aunque con el tiempo ya es algo autómata, sacas la sartén que tienes en el horno con aceite, la pones al fuego, vas a la nevera y coges los huevos, si tienes suerte no están rotos y con mucha suerte no se te cae ninguno; abres el huevo lo hechas a la sartén, sin que antes se llene todo de clara. Ya con el huevo en la sartén, este empieza a escupir y lo llena todo de aceite, incluido tú, y por fin ya está, lo sacas al plato, que se te había olvidado coger, por lo tanto, el huevo sale un poco más hecho de lo que querías, por fin el huevo en el plato. Coges ese pedazo de salero que siempre está en la encimera y por tanto lleno de una capa protectora de aceite y polvo, y después de todo esto te sientas a comer ese pedazo de huevo frito. Para que luego digan que no sabe ni freír un huevo, como ves no es tan fácil.
Pues después de todo esto vamos a empezar de lleno. Lo primero que tenemos que hacer es organizar nuestra cocina que va a ser sin lugar a duda el santuario de nuestra comida.
La recomendación para esto parece fácil pero este delicado momento te puede llevar horas, no es por desalentaros, pero es un gran paso para tener buenos resultados y de los que os sentiréis orgullosos.
Para ello sácalo todo y todo es todo, absolutamente todo. Prepara agua caliente y un trapo con el producto que más te guste para limpiar tu cocina (yo recomiendo una bayeta y agua con lavavajillas, un poquito de amoniaco que quita toda la grasa, lo deja brillante y con buen olor). Limpia tu cocina con mucho amor de arriba abajo. Pon todas las cosas en la encimera y empezamos a mirar cosa por cosa.
La primera criba consiste en apartar las cosas que nunca uses (dónalas o tíralas si están rotas). No guardes nada por apego, no queremos ese sentimiento en la cocina; lo pasado esta, ya sea algo que te regalo una persona importante, como ese juego de té que no sabes ni cómo usar, o esa taza tan rara que no te gusta pero que guardas un gran recuerdo de ella, pero no la usas para nada, no es útil, ¡fuera de tu cocina! Sin miedo ni arrepentimiento, este va a ser tu santuario, recuérdalo.
Quédate con esta palabra: organización. Después de este largo ritual de limpieza, que sé que no es nada fácil, a continuación, vamos a organizar.
No sé tú, pero durante mi vida he pasado por muchas fases de organización, desde tener montones de cosas ocupándolo todo y suponiendo un trabajo agotador mantener ese espacio limpio y por supuesto encontrar algo, eso era una aventura; hasta que hoy por hoy, la edad y la experiencia me han enseñado que “menos es más”. Con esto me refiero que mientras menos cosas tenemos menos nos preocupamos por ellas y más nos preocupamos por nosotros. Y pensaras que estoy hablando de “minimalismo”, puede entenderse que sí, pero un minimalismo con nuestro toque personal, es decir dando pinceladas de lo que a nuestro ser nos hace sentir bien y dando nuestro toque para que quede bello a nuestros ojos (una recomendación que te hago es que esto lo puedes aplicar a toda la casa y os digo hay un antes y un después).
Animaros a cuidaros y a cuidar lo que tenéis. Recordar que vuestro cuerpo es único y es un templo que os va a acompañar durante toda vuestra vida, así que organizar vuestros espacios y organizareis vuestra vida.
 
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